Después de un largo rato terminamos de comer y recogimos todo en la sala, ya eran las 3 de la tarde aproximadamente. Logré hablar con Hero por un buen rato para que este se distrajera y olvidara todo lo sucedido anteriormente, cosa que no creo que haya pasado. Luego de recoger todo, nos quedamos viendo televisión, haciendo figuras de papel y entre otras cosas para pasar el rato.

Así fue como pasó una semana completa, monotonía total. Por suerte Hero se encontraba más tranquilo ya superando lo de aquel día. Realmente no vimos a mi padre durante todos estos días; de vez en cuando dejaba dinero sobre la mesa, acomodaba toda la casa sin que nos diéramos cuenta o si no, la dejaba llena de botellas de licor. Mi hermanito y yo tratamos de pasarla sin preocuparnos, retomamos las clases el miércoles, cuando ya nos sentíamos un poco más relajados y nuestra cara de muertos vivientes ya se había disimulado.

Era martes, ya habíamos tomado cada uno el camino a los respectivos salones. Me distraía observando por la ventana ignorando casi completamente lo que dictaba el profesor, ya que en estos días de aburrimiento logré adelantar un poco los temas. Otra cosa que disfrutaba en el colegio era la ausencia de Kimiko, había faltado toda la semana completa, cosa que me extrañaba bastante, quizás hasta llegaba a preocuparme. Poco hable con Taiga, quien a veces me comentaba sobre la ausencia de Kimiko, pero sin embargo se le notaba muy indiferente en el asunto, en realidad, en todos los asuntos, parecía más bien que tenía otras cosas de las cuales preocuparse.

Finalmente las horas de clases se habían acabado, ya tocaba ir a casa. El receso fue algo aburrido y pasó rápido, creo que apenas y me dio tiempo de saludar a los amigos de Hero, quienes cada vez más parecían más contentos de pasarla con él. Hero y yo nos encontrábamos camino a casa, nos desviamos un poco y fuimos a la famosa plaza solitaria. Había pocas personas como cosa rara, pero ignorando eso nos sentamos en los columpios a relajarnos un poco, la brisa era placentera como siempre, la plaza silenciosa sin importar cuantas personas hubiesen; solo el barrer de las hojas en el suelo y la brisa era lo que creaba música en el ambiente.

Al aburrirnos, nos dirigimos a casa, ya eran aproximadamente las 4:00 p.m, ambos teníamos mucha hambre pero no nos detuvimos a comer, preferíamos llegar a casa y comer allá. Cuando nos íbamos acercando a casa cada vez más, pude percatarme de que la puerta estaba entre cerrada, es decir que alguien había entrado recientemente. Mi máxima preocupación era que mi padre estuviese ahí, a pesar de que ya había pasado una semana, no quería ni verle el rostro. Mi hermanito se dio cuenta de mi preocupación y tomo mi mano. –Todo estará bien hermana. –Me dijo amablemente dando la iniciativa de caminar hacia la casa. Tome un costado de la puerta empujándola para que se abriera y aun tomando de la mano a Hero entre lentamente observando a todos lados con sigilo.

-         ¡Bienvenida a casa! Hermanita.

-         ¿Sora? ¿Eres tú?

-         Sí hermana, pasa adelante sin miedo.

Al terminar de entrar sin terminar de observar bien la casa solté a Hero de la mano y corrí hacia mi hermano para abrazarlo. –Eres un idiota, prometiste que vendrías todos los días. –Le susurré mientras lo abrazaba. –No tienes idea de lo que he estado haciendo tontita. –Me respondió el con un tono extrañamente amable. Dejé de abrazarlo y lo observe con curiosidad, él correspondió a mí mirada pero rápidamente desvió sus ojos hacia la zona del televisor, un poco extrañada voltee a ver hacia donde su mirada me señalaba.

Mi expresión se marco más, mis ojos y todas las facciones de mi cara indicaron una inmensa curiosidad al ver a una hermosa señora sentada en el sofá de mi sala con una taza de té en la mano. Hero se encontraba con la misma expresión que yo, solo que este apenas entro a la casa se quedo paralizado observándola, pude darme cuenta con solo verlo ahí parado al pie de la puerta.

-         Buenas tardes, chicos. –Dijo la señora levantándose del sofá con una sonrisa amable que dibujaba en su rostro.

-         Buenas tardes… –Respondí un poco confundida. – ¿Hermano? –Dije dirigiendo mi mirada hacia mi hermano. Él no respondió en lo absoluto.

-         Buenas, me llamo Claire, estuve en contacto con tu hermano por medio de la policía, pequeña Kataii.

-         ¿Cómo sabe mi nombre? –Pregunté un poco preocupada y extrañamente con el corazón acelerado.

-         Hermana no seas grosera, déjala terminar la historia. –Dijo mi hermano observándonos tranquilamente desde la cocina mientras comía una manzana.

-         Bueno continúo, disculpa los malentendidos. –Dijo amablemente Claire. – Hace 6 años, junto con mi esposo, tuve que dejar a mi pequeño hijo en manos de mi hermano y mi hijo mayor. Por qué a raíz de problemas económicos nos involucramos con gente que no debíamos, entonces tuvimos que protegerlos. Los problemas se resolvieron 4 años después, pero para estabilizarnos y preparar todo quisimos esperar un poco más. Tenemos varios meses en busca de nuestros dos hijos, uno de ellos eres tú, Hero.

Hero se encontraba inmóvil todavía, pero esta vez con lágrimas en los ojos, yo por otro lado, me encontraba totalmente paralizada. Si llevaba otra noticia como esta mi corazón se saldría por mi boca. No podía creer que estaba frente a la madre de mi hermanito, no lo creía, no lo aceptaba, sentía preocupación, miedo, pero por alguna razón sentía que tenía que seguir escuchando.

-         Por el hecho de protegerlos y de que decidimos que se mudaran muy lejos y borrarlos completamente de todo, se nos dificultó mucho la búsqueda. Pero hace poco cruzamos el contacto con Sora, quien tenía información que coincidía con la que tenemos mi esposo y yo. La policía se ha estado reuniendo con nosotros casi todos los días, haciendo el chequeo de documentos, recuperando las partidas de nacimiento, entre otras cosas. Es por eso… Que tardamos, hijo.

-         ¿Y su esposo? –Pregunté en un tono un poco altanero.

-         Salió con los policías a traer comida, Kataii, ya regresaran. –Respondió mi hermano con el mismo tono.

-         Hero… Hijo… Espero nos perdones.

Me acerqué rápidamente a Hero y lo abrace sin decir nada, se encontraba temblando, estaba frio y llorando mucho, sus puños estaban cerrados con mucha fuerza al igual que sus ojos. Sentía miedo al igual que él, estaba triste, asustada, preocupada, no quería que me quitaran a mi hermanito, me sentía egoísta, debía estar feliz por él.


Sonó el despertador, antes de que Hero se levantara lo apagué de un golpe. Ya eran las 5:00 a.m., no iría al colegio ni Hero tampoco, hoy no. Para asegurarme de que Hero y yo no perdiéramos evaluaciones llame a la escuela avisándoles de que estábamos enfermos y que faltaríamos. El director prometió reponer las evaluaciones y amablemente nos deseo bienestar, hubiese sido otra ocasión y él no reaccionaria así, quizás estaba de buenas.

Me levante sigilosamente de la cama, cerrando la ventana y cortinas de mi cuarto, para evitar que entre la luz cuando se hiciera un poco más tarde, porque aun estaba oscuro. Al levantarme de la cama camine hacia la puerta y la abrí en silencio, pude escuchar ruido en la cocina y como algunas ollas y cubiertos golpeaban entre sí. Mi corazón se acelero y cerré la puerta en silencio, nuevamente con seguro. Me recosté en la cama esperando para quedarme dormida otra vez, cosa que paso curiosamente, muy rápido.

Esta vez fue la luz del sol que ya no se podía evitar que entrara por la ventana, observe mi reloj y vi que era mediodía. Hero aun estaba dormido, cosa que me pareció un poco extraña ya que es un chico madrugador. Volví a levantarme sigilosamente y abrí la puerta, esta vez no escuchaba nada. Salí del cuarto silenciosamente y cerré la puerta, caminando con cuidado hacia la cocina; pero sin antes pasar por el cuarto de mi padre y pegar la oreja a la puerta a ver si escuchaba algo, lo cual no paso, por suerte. Bajé las escaleras un poco nerviosa y con el corazón acelerado, me incline para ver si veía a alguien en la cocina, nadie. Todo estaba completamente ordenado, como si nada hubiese pasado, todo estaba guardado y limpio, las basuras estaban frente a la casa en su respectiva bolsa negra. Me asome en el horno y habían dos cajas de pizza, la verdad tenía hambre y pocas ganas de cocinar, aunque era un poco rara la idea de “desayunar” pizza, pero la obvie y proseguí a sacar ambas cajas. Estaban aun calientes y al abrirlas la pizza estaba completa en ambas, seguro mi padre las había dejado ahí. Como detestaba sus actos de amabilidad hipócrita, que cree él, compensarían lo que hizo.

Subí corriendo al cuarto y desperté a Hero con un fuerte abrazo, lo tome por la mano aun estando medio dormido y lo senté en el sofá. Él se notaba un poco confuso, pero restregando sus ojos aun cansados esperó tranquilo en el sofá. Tome ambas cajas de pizza y las puse en el suelo sobre la alfombra de la sala, luego regresé a la cocina, tome ambas tazas de chocolate caliente que prepare rápidamente y las puse en la mesa de estar.

-         ¿Y tu padre? – Dijo Hero preocupado aun soñoliento.

-         No te preocupes, no está, fue lo primero en lo que me fije.

-         Hmmm… -Murmuró mi hermanito.

-         Come.

Ambos empezamos a comer tranquilamente sin medir cuanto y sin importarnos el dolor de estomago que nos daría a ambos al terminar.


Después de unos segundos de que se pronunciaran aquellas palabras que aseguraban que sabría que pasaba con mi hermanito, me acomode en la cama sentándome en el medio de ella con las piernas cruzadas. Tome a Hero por la mano y lo jale delicadamente para que se sentara de la misma manera y quedáramos frente a frente. Él se acomodo rápidamente e inmediatamente bajo la cabeza, como siempre hace; aun así sin evitar que yo levantara de vuelta su mirada. –Entonces hermanito… Me preocupas. –Dije levemente. Esto hizo que Hero tomara un respiro profundo y tragara con fuerzas, lo que me indicaba que ya estaba preparándose para hablar. No pude evitar sentir intriga con emoción, pero a la vez un miedo terrible que me golpeaba cada segundo más fuerte.

-         Yo… Yo solo no quiero causar problemas. –Aviso mi pequeño hermanito. – Promete que nada cambiara.

-         Sabes bien que no puedo prometerte eso, pero nunca serás un problema. Por favor habla.

-         Bien… Paso la tarde normal, estuve haciendo tareas y viendo televisión. Cuando eran las 6:30 tu padre llego a la casa un poco aturdido, al parecer te estaba buscando… M-me puse un poco nervioso pero seguí viendo la tele. Pasó alrededor de 15 minutos en su cuarto y bajó molesto… Me empezó a preguntar por ti y me interrogó, yo… Yo le repetía que habías salido unos minutos, pero insistía que no era así y…

Hero bajo la mirada de nuevo presionando sus puños y respirando profunda y forzosamente, lo abracé con fuerzas mientras temblaba. Me imaginaba ya la siguiente parte de la historia. – Tu padre empezó a golpearme en el rostro, p-pidiendo que le dijera la verdad. – Susurro Hero entre mis brazos. Mis ojos se abrieron de la impresión, pude sentir como la rabia e impotencia se apoderaban de mí, y próximamente… De mis acciones. – Por favor hermana no  vayas a hacer nada. – Dijo llorando mientras me abrazaba fuertemente, ya hasta llegar al punto de sujetarme.

-         Sígueme contando que hizo después.

-         No…

-         ¡Hazlo, maldición!

-         Me tiro al suelo y me trato de ahorcar, y-yo estaba inmóvil y no hice nada. C-cuando me soltó escape al baño y él golpeaba la puerta bruscamente pidiendo disculpas.

-         Es suficiente.

Empuje a Hero y voltee a mirar el reloj, era casi media noche. Abrí la puerta del cuarto azotándola contra la pared y camine hacia el cuarto de ese hombre. Abrí la puerta con rabia y la golpee contra la pared también, observando completamente el cuarto de mi padre, dándome cuenta de que no se encontraba allí. Proseguí a bajar las escaleras prácticamente corriendo, podía sentir como el odio, rabia e impotencia  me llenaban, poniéndome cada vez mas ciega y guiando mis acciones como si fuese una pequeña marioneta.

Al bajar encontré a mi padre tendido en el suelo con una botella en la mano completamente inconsciente, sin pensarlo dos veces salte sobre su cuerpo y proseguí a sacar un cuchillo de la gaveta, luego regresándome a él, arrodillándome apoyando el cuchillo en su garganta. No podía creer lo que estaba haciendo, mi pulso temblaba como nunca y estaba llorando mientras sostenía el cuchillo con fuerza, mirando hacia el suelo decidiéndome entre clavarlo o despertar de mi locura. Cerré mis ojos haciendo presión, y con dificultad murmuraba: “me quitaste a mi madre, no me quitaras a Hero”, lo repetía varias veces con lagrimas en mis ojos, mientras sostenía con más fuerza el cuchillo y lo presionaba contra la garganta de mi padre.

-         ¡Qué haces Kataii! ¡Baja eso ya!

-         ¡No! No permitiré que te haga daño de nuevo.

Hero se aproximo hacia mí y me empujó lejos de mi padre quitándome el cuchillo de la mano, lo soltó lejos de ambos y se aproximo hacia mí dándome una cachetada. – En qué demonios estabas pensando. – Dijo observándome con decepción y tristeza. Sin saber que responder me levante y subí las escaleras rápidamente, lanzándome sobre mi cama y llorando como no lo había hecho desde la muerte de mi madre. Pasan unos segundos y siento que alguien se acuesta junto a mí, abrazándome con fuerzas y acariciando mi cabello. Levante mi mirada y observe a Hero, se notaba decaído y esta vez podía notar más las marcas en su cara. – ¿Por qué no me llamaste? – Pregunté con dificultad y con la voz cortada. – No quería molestarte… Quería que tuvieses un momento de paz. – Respondió cabizbajo. Empecé a llorar aun mas, no podía parar de hacerlo, todavía sentía la impotencia  y el odio en mi cuerpo. Hero me abrazaba y se notaba triste, ahora la culpa también lo invadía, ya no sabía cómo sentirme; sentía que todo se iba abajo.

-         Hermana lo siento, siempre hago que te preocupes. –Dijo Hero después de un rato.

-         Lo hago por qué te quiero… No quiero que te dañen.

-         Casi matas a tu padre por mi culpa.

-         No hubiese sido capaz… Discúlpame.

Hero no dijo nada y salió al baño, yo me secaba las lágrimas y trataba de calmarme, lo cual era difícil. Cada vez que revivía lo que Hero me conto y lo interpretaba en imágenes, volvía esa impotencia. Como se habrá sentido, miedo, dolor, tristeza, decepción… Ese chico indefenso siendo atacado nuevamente por un borracho desgraciado.

Pasaron unos minutos y ya me había calmado, me dolían los ojos y los sentía hinchados por las lágrimas y el constante llanto, sabía que mi rostro estaba demacrado, pero no tenía ni ganas de levantarme para observarme, me sentía fatigada. Hero entró en el cuarto silenciosamente y cerró la puerta, le indique que  pasara el seguro luego de levantarme de la cama. Él lo hizo y a la vez indico que me acostara de vuelta. – Mereces dormir bien. – Dijo seriamente. – Quien merece dormir bien eres tú, así que ven. –Reproché. – Entonces ambos dormiremos allí y ya está. – Respondió.

Hero se acostó junto a mí y se cubrió con la sabana, dándome un beso en la mejilla, agradeciéndome y luego cayendo rápidamente dormido. Yo por otro lado no pude dormir rápido, ya era la 1:30 a.m., era martes. La culpa me invadía, no tenía por qué agradecerme, no le ayude en nada, lo deje solo y salió lastimado por mi culpa. Por otro lado me sentía asustada, ¿cómo vería a mi padre a la cara sin que se diera cuenta del odio que le tengo? Simplemente no quería verlo más, ni que Hero lo viera tampoco.

Esas cosas recorrían mis pensamientos, no podía dejar de pensar en todo eso, realmente estaba atormentándome, haciendo que la presión en mi corazón aumentara cada vez más, y ese nudo en mi garganta me hiciera sentir más ahogada. Pero despues de todo, finalmente pude quedarme dormida.

Capitulo 59 ~ Sueño revelador

Posted: enero 22, 2012 in Kanashii Genjitsu
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Se escuchaba un zumbido extraño en mi cabeza, sentía como todo daba vueltas, a pesar de que la oscuridad era todo lo que podía apreciar. Pasó un corto lapso de tiempo que no pude determinar exactamente; ahí me encontraba yo, para mirando hacia un horizonte no definido. Era como si fuese otra versión de mi misma, podía verla completamente, frente a mí, cosa que me causaba curiosidad, pero lentamente me fui acercando a ella, hasta quedar completamente frente a frente. Luego de unos segundos de un encuentro directo, mi mano se levanto sin voluntad alguna, y prosiguió a tocar el rostro de mi figura sin vida. Repentinamente nos unimos, ya no me veía a mí misma, ahora era yo y solo yo, pero aun así, no podía moverme.
Cerré mis ojos sin motivo alguno, después de unos segundos, volví a abrirlos. Me di cuenta de que alguien sostenía mi mano, difícilmente pude voltear y darme cuenta de que era Daisuke, viéndome alegremente con una sonrisa muy expresiva en su rostro. Del otro lado, estaba mi madre mirándome de una manera muy orgullosa mientras curiosamente tomaba por el hombro a Hero, quien se encontraba frente a mí, observándome con tristeza y tomando mi mano como aquel niño indefenso que conocí por primera vez. Todos eran como una especie de espíritus, o imágenes creadas por mi cabeza, tenían un brillo curioso a su alrededor, era lo único que brillaba en ese entorno negro.

Voltee mi mirada hacia mi madre, observándola con una sonrisa y lagrimas en los ojos, conservaba la misma belleza de antes, su misma expresión, hasta estaba vestida como ella usualmente lo estaría, un vestido de típica fiesta de jardín con su cabello suelto dejando que caiga por su propia forma. De repente solo estábamos ella y yo, mi madre me sonreía de la misma manera y yo solo la veía con alegría y tristeza al mismo tiempo, sabía que era un sueño, pero se sentía completamente real.

-         Estoy orgullosa de ti hija. He observado como cuidas a Hero, tu hermanito. –Dijo mi madre con una voz dulce.

Curiosamente no pude responderle, pero las lágrimas en mis ojos incrementaban más y mas, mi mano se levanto para tocar sus mejillas, pero apenas me acercaba más, la imagen de mi madre iba desapareciendo. Deje de mover mi mano pero ella seguía desapareciendo, hasta no quedar nada.

Estaba completamente inmóvil, llorando como la primera vez que la vi partir, el dolor era el mismo, el golpe agudo en mi corazón se sentía igual. Reviví el momento otra vez y era igual de doloroso. Luego al subir mi mirada, se encontraban Daisuke y Hero, prácticamente peleando por consolarme. Aun cuando pareciera que ninguno sabia de la presencia del otro.

Pasaron los segundos y Hero mantenía esa expresión de dolor, Daisuke por otro lado se notaba contento y apegado a mí, pero a la vez algo preocupado y pensativo, tal y como lo reflejaría si estuviese con el realmente.

Después de un rato Daisuke desapareció, se fue caminando tranquilamente después de darme un beso en la frente.

Quedamos Hero y yo, él se encontraba frente a mi otra vez, mirando hacía el suelo con lagrimas saliendo de sus ojos. Tomo mi mano cual niño desprotegido y asustado. Yo lo observaba preocupada y con curiosidad, me sentí de la misma manera cuando lo vi así al llegar a casa. Hero solo sollozaba, mirando al suelo, quería hablarle pero había algo que no me dejaba, mi preocupación incremento. Luego de que la desesperación aumento, acerque mi mano a su rostro y lo levante por el mentó, mi impresión fue enorme al ver su rostro lleno de moretones marcados y los labios rotos, lloraba mucho y sangraba por la boca, su rostro estaba demacrado y golpeado. –Me dejaste solo. –Dijo Hero con un tono de dolor inmenso. Me eche temblorosamente para atrás y grite, pero solo era un intento ahogado, puesto que no emitió ningún sonido. Luego de ello, me encontraba en mi habitación sentada en mi “cama” con los ojos llenos de lágrimas y el corazón acelerado.

-         ¿Hermana? ¿Estás bien? –Dijo Hero sentado en la orilla de la cama, soñoliento.

Voltee y apenas lo vi me abalancé prácticamente hacia él, revisando su rostro desesperadamente mientras lloraba repitiendo “perdón por dejarte solo” seguidamente.

-         ¡Hermana, cálmate por favor! –Grito Hero tomándome por los hombros para detenerme. – ¿Qué te pasó? ¿Por qué estas llorando?

Respire profundamente tratando de calmarme, Hero me tomo por la mano y me sentó junto a él observándome con preocupación. Espere a calmarme completamente y empecé a contarle mi sueño detenidamente. El rostro de mi hermanito cambiaba conforme avanzaba el sueño, pero no podía explicar qué clase de expresión era, más o menos, confusión con preocupación. Al terminar de contarle el sueño, él bajo la mirada, lagrimas empezaron a brotar de sus ojos de la misma manera que en el sueño. Sabia ahora certeramente que algo le paso. – Prométeme hermanito, que me dirás la razón por la cual estas así. –Dije. Hero no respondió ni subió la mirada, tuve que insistirle repetidas veces para que pudiese levantar la mirada y decir: “Lo prometo”.


Cuando la puerta se abrió, note que era mi hermanito, un poco cabizbajo y decaído, apenas lo vi pude percibirlo. Tres pasos largos fueron suficientes para entrar a la casa y poder abrazar a mi pequeño hermano, quien solo respondía el abrazo, mas no lo correspondía de la misma manera.

-         ¿Qué paso? Hermanito te siento un poco raro. –Se me pasó por la mente quizás la hora, tal vez estaba tomando una siesta y todavía estaba soñoliento, pero me extrañó aun su reacción poco expresiva. Además, su mirada baja que no dejaba ver su rostro, dejaba mucho que preguntar. –Hermanito respóndeme y mírame, por favor.

-         N-nada, solo tengo sueño. –Dijo mientras dejaba de abrazarme y daba media vuelta dándome la espalda.

-         ¿Estás seguro? Te siento diferente, me preocupas… Se sincero.

-         Hermana, confía en mí.

Seguido de eso, subió su rostro lentamente hasta el nivel de que su mirada chocara con la mía, mi impresión fue grande y mi expresión en el rostro respondió a ella. Al observar la cara de mi hermanito pude ver pequeñas manchitas rojas, como si su rostro estuviese resentido por golpes. Sus ojos estaban rojos y llenos de lágrimas, su mirada era triste y llena de miedo; algo en mi mente me dijo que pasaría algo, hasta antes de entrar a la casa. Pero aun sigo sin saber qué es.

-         ¡Hermanito! Tu rostro, ¿qué paso? ¡Estas demacrado, eso no es normal! –Gritaba mientras lo tomaba fuerte por los hombros y lo veía fijamente.

-         Nada hermana, en serio. Solo… Te eché de menos.

-         No me mientas, tú no eres así.

-         Hermana… Tengo sueño.

-         Bueno… Te llevare a dormir.

-         Gracias.

-         Hermanito, por cierto, ¿y mi padre?

-         D-debe estar trabajando.

-         Es cierto. Bueno hermanito, vamos.

Tome a mi hermanito por el brazo un poco preocupada, confiando en sus respuestas para calmarme a mi misma y algo pensativa; empecé a subir las escaleras en silencio, al igual que lo hacía Hero. Cuando llegamos a la habitación lo ayude a recostarse en la cama, me senté en la orilla y acariciaba su cabello mientras él se quedaba dormido. Yo lo observaba con preocupación y una corazonada no muy buena, sentí, muy a fondo, que me estaba mintiendo de alguna manera, tratando de ocultar la mentira con pequeñas verdades, que quizás, hasta formaban parte de ella.

Después de un corto rato, mi hermanito se durmió. Me levante con el mayor cuidado posible de la cama y camine fuera del cuarto, cerrando la puerta con mucho cuidado. Empecé a dirigirme hacia la cocina para prepararme la comida, ya que tenía hambre otra vez. Cuando llegue a la cocina note un plato cubierto sutilmente con la tapa de una olla que casi nunca usábamos. Al destaparlo, me di cuenta que era comida e imagine que la había guardado Hero para mí, lo cual me saco una enorme sonrisa. Tome el plato y lo coloque en la barra desayunadora, sentándome con cuidado y empezando a comer con total actitud robótica, sin prestar atención a lo que hacía, solo contemplando mis recuerdos más recientes. Interrumpiendo mi momento de soñar despierta, un impulso me hizo voltear hacia el reloj que estaba en la pared alta de la cocina justo al lado de la nevera. Eran las 8:15 p.m., mi padre debía llegar del trabajo a las 7 en punto, puesto que trabaja desde la mañana. No me preocupe en lo absoluto, mas sí se me vino Hero a la mente por alguna razón, no le encontré sentido alguno relacionarlos, hasta que pensé que habría pasado si mi padre estuvo aquí y se dio cuenta de que yo no. Me dije a mi misma que tal vez, mi padre no había llegado todavía.

Cuando termine de comer proseguí a lavar mi plato rápidamente, luego de eso subí a mi cuarto rápidamente, busque mi ropa para dormir y pase al baño a bañarme y cambiarme. Dure alrededor de 45 minutos, ya que no es fácil estar sin distraerme, y a pesar de que el baño estaba cálido y el ambiente relajante, no pude sentirme tranquila, si no todo lo contrario, mis ojos por alguna extraña razón se nublaban de lágrimas. Cuando salí del baño me acosté en mi improvisada cama y observe a Hero desde el suelo, realmente me tenia preocupada, pero no quería ser paranoica y preocuparlo así que estuve prácticamente toda la noche tratando de calmarme, ya después, caí dormida.

Capitulo 57 ~ “Gracias”

Posted: diciembre 13, 2011 in Kanashii Genjitsu

Logre despertarme después de sentir un frío terrible, al abrir los ojos mi sorpresa no fue más al ver que todo estaba oscuro, no había caído en cuenta si no después de 5 segundos de haber despertado completamente. Me senté de golpe con el corazón acelerado, Daisuke estaba como a 1 metro completamente dormido, al parecer el tampoco pudo consigo mismo.

-         ¡Daisuke! Despierta por favor. –Dije moviéndolo bruscamente. –Vamos despierta, ¡es de noche!

-         ¿Hmm? ¿Qué pasa Kataii?

-         Es de noche Daisuke, me van a matar y a ti también.

Daisuke se levanto de golpe casi estrellando su cabeza en mi rostro, me tomo por la mano y me ayudo a levantarme rápidamente, corrió casi llevándome a rastras y se detuvo al llegar a la calle.

-         Es tardísimo.

-         ¿Cuánto más o menos? –Pregunté con preocupación.

-         Alrededor de las 7, Kataii.

-         ¡Demonios! Me mataran y Hero, ¡ah! Debe estar preocupadísimo, y mi padre… Mi padre me matará.

-         Cálmate Kataii.

-         Tengo que irme Daisuke, aunque no quiera.

-         Vamos, te conseguiré un taxi.

-         ¿Cuándo volveré a verte?

-         No es momento de pensar en ello, vámonos.

Me tomó por la mano y empezó a caminar rápidamente hacia alguna esquina donde se pueda conseguir un taxi. Mi tristeza aumentó, no sabía en cuanto tiempo podría volver a verlo y me había quedado completamente dormida, prácticamente no pasé la tarde con él, sino que la pasé durmiendo.

Finalmente conseguimos un taxi, no podía con el nudo en la garganta y esa presión en mi corazón, baje la mirada y rogué por que los segundos en los que tardara en llegar el taxi se hicieran eternos. Daisuke se volteó y me tomó por los hombros, quedando frente a mí, con su mano derecha subió mi rostro tomando mi mentón; su expresión cambió de serio a tristeza cuando vio mis lágrimas brotar de mis ojos.

-         No llores Kataii, nos veremos pronto. Lo prometo.

El taxi se detuvo en la esquina, ya era hora y mis lágrimas salían cada vez más rápido, mi mirada estaba baja nuevamente, Daisuke volvió a subir mi rostro y fijó su mirada en la mía, empezó a inclinarse lentamente y acercaba su rostro al mío, cada milímetro que se acercaba causaba mas impresión en mi, y aceleraba mas mi corazón. De repente sus labios tocaron los míos y mis ojos se cerraron automáticamente, dejando salir las últimas lágrimas que se hospedaban en ellos. Mi corazón se iba a salir de mi pecho, mis mejillas estaban rojas y me estaba poniendo nerviosa, pero a la vez era algo que jamás había experimentado. Aunque el momento duro poco fue uno de los momentos más cálidos de mi vida, estaban los abrazos de mi madre, los de Hero, y este. No era nada comparado al “beso” que me dio un chico a los 13 años, saliendo después con una cachetada de mi parte.

Al separarnos pude observar la mirada triste de Daisuke siendo disfrazada por una sonrisa leve seguida por un abrazo. Yo por otro lado, estaba completamente muda, no pude decir nada. Después del abrazo lo miré a los ojos, esta vez era él quien estaba a punto de llorar. El taxista estaba tocando la corneta lo cual cortó la nota del momento. Daisuke se aproximó a la ventana y le entregó el dinero al taxista, luego abrió la puerta trasera del carro y me ayudo a entrar. Me sonrió con tristeza y cerró la puerta; “gracias” fueron las únicas palabras que salieron de mi boca. Luego, observando por la ventana como me alejaba cada vez mas de él. El taxista me observaba por el retrovisor, sus cejas tomaron forma poniendo la expresión de su rostro como de curiosidad. –“no estés triste, ya se volverán a ver”. –Comento el taxista. Mi única respuesta a su comentario fue una sonrisa poco expresiva, luego, volví a bajar la mirada y a rogar un poco nerviosa, llegar a casa.

Después de unos minutos me encontraba ya parada frente a la puerta de mi casa, con un poco de tristeza restante pero bonitos recuerdos, proseguí a tocarla. Sabía que algo bueno no me esperaba, pero la verdad… No me importó.


Antes de que Daisuke pudiese decir algo, fue interrumpido por el amable mesero que nos entregaba ambos platos con una sonrisa en el rostro.

-         Perdonen la interrupción, prosigan. –Dijo el mesero sonriendo y con un tono de vergüenza. –Disfruten la comida.

Se retiró lentamente y Daisuke lo miraba extrañado. Después de un rato volteó la mirada y concentró su atención nuevamente en lo que estaba a punto de decir. Yo lo observaba tranquilamente esperando a que hablara, pero cada segundo que pasaba se volvía más incómodo.

-         Kataii, ese día… Fui desconsiderado, no era el momento de decirlo.

-         Siendo sincera, me tomaste por sorpresa.

-         Lo sé, pero… Eres mi mejor amiga desde hace tiempo y… Sabes esto es vergonzoso.

-         En realidad lo es, pero tranquilo entiendo tu razón… Soy irresistible. –Dije seguido de una risa un poco burlona.

Daisuke me miro seriamente cortando por completo mi risa y devolviéndome a mi estado de tranquilidad.

-         Qué raro tu, Kataii. –Dijo Daisuke sonriendo levemente.

-         Lo siento, no pude resistirme a decir eso.

-         Tonta.

-         Bueno entonces dime por qué estás tan avergonzado.

-         No es vergüenza, es una especie de remordimiento, o quizás sentir que arruiné algo. ¿Lo arruiné?

-         Nop.

-         Bueno, sé que ha sido muy pronto lo que te he dicho pero… –Daisuke empezó a sonrojarse y a bajar la mirada. –Es la verdad.

-         N-no sé qué decir.

-         No tienes que decir nada, sé que tú eres medio tonta en esos temas.

-         ¡Oye! No es que sea tonta…

-         Anda Kataii cómete tu comida; o en este caso, tómate tu comida.

-         ¡Pero si ya esta fría!

-         ¿Quieres que pida calentarla?

-         No, no. La tomaré así.

Ambos empezamos a comer, ambos platos estaban fríos. Al parecer se nos había olvidado comer por tanta charla.

Después de un rato ambos terminamos nuestros platos y las bebidas que nos trajeron a mitad de comida, ya que se nos había olvidado pedirlas. Nos levantamos de la mesa, Daisuke fue a pagar y yo le esperé afuera. Cuando regresó empezamos a caminar por todos lados.

Finalmente, después de caminar por todos lados llegamos a una especie de parque natural, no tenía ningún juego, eran puros árboles y había un espacio un poco cerrado que estaba apartado. Era hermoso, los árboles que rodeaban el pequeño espacio dejaban que éste tuviera una forma circular. Era tranquilo, estaba solo y apartado, se podía apreciar bien la brisa a pesar de ser tan cerrado. Daisuke y yo nos sentamos y nos recostamos en la grama a observar la copa de los árboles y los reflejos del sol que salían entre las ramas. Calculando por el cielo y la intensidad de la brisa, eran alrededor de las 4:00 p.m., ya no faltaba mucho para regresar a casa, pero extrañamente eso no me preocupaba. Acepté que extrañaba muchísimo a Hero, pero a pesar de sentir esa presión en mi corazón cada vez que pensaba en mi hermanito, trate de ignorarlo y calmarme.

Dejando de lado mis pensamientos y concentrándome en el momento, empecé a sentir algo de sueño. Quizás es por lo mismo de que me desperté temprano, pero tenía que esforzarme para no quedarme dormida; cada vez que volteaba a ver a Daisuke, éste miraba el cielo atentamente como si estuviese pensando en algo, ya después de un rato era que me devolvía la mirada. Pasaban los minutos y todo estaba silencioso, mis ojos se cerraban lentamente y mi fuerza de voluntad se dejaba ganar. Finalmente me quedé dormida.


El tiempo pasaba lentamente y por simple aburrimiento empecé a observar el suelo y detallarlo, definitivamente la impaciencia estaba acabando conmigo.

Después de un mínimo rato algo interrumpió mi estado de trance e hizo que subiera la mirada de golpe. Algo alarmada me enfoque en escuchar con atención, lo único que podía oír eran gritos y batuqueos por parte de una mujer y un hombre, pensé que era Daisuke pero no tenía ningún parecido con su voz, era muchísimo más gruesa y áspera; pero estaba segura de que la voz de la mujer era de Ayame. Empecé a escuchar con más atención, estaba un poco nerviosa y me sentía algo incomoda, por lo tanto, baje la mirada y cerré los ojos pretendiendo no escuchar nada. Repentinamente se escucha un portazo por los costados de la casa, fue algo brusco y llamo mi atención, pero antes de poder subir la cabeza escuche algo que me detuvo a hacerlo… “¿Kataii?” Estaba completamente segura de que era Daisuke, mis ojos se abrieron y mi rostro se ruborizo y mis manos se pusieron mas frías de lo normal.

-         ¿Kataii? –Repitió esa voz nada desconocida para mí. – ¿Qué estás haciendo aquí?

-         Daisuke… –Murmure mientras subía la mirada lentamente. – ¿Tu madre no te avisó? –Proseguí a levantarme con inseguridad.

Daisuke se acercó rápidamente a mí y sin antes mirarme fijamente, me abrazo y suspiró. Desconocí completamente la razón del suspiro, pero no pude evitar sentir como una extraña alegría me invadía por completo nublando mis ojos con lágrimas y haciéndome sonreír espontáneamente.

-         Pensé que no te vería en un largo tiempo… Kataii

-         Yo también lo pensé, pero conocí a tu madre y se presento la oportunidad.

-         No sabes lo contento que estoy de verte, Kataii.

-         ¿De verdad? –Pregunté mirándolo a los ojos y contemplando su brillo con una sonrisa en el rostro.

-         Vámonos de aquí.

-         ¿Qué paso? ¿Por qué?

-         Mis padres no dejan de discutir, y lo último que quisiera seria que te veas involucrada en esto, o presencies algo indebido.

-         ¿Por qué discuten?

-         Mi madre insiste en que viva con ella.

-         Pensé que habían llegado a un acuerdo.

-         Ella es algo… Irracional.

-         Es una mujer adorable.

Daisuke hizo una especie de ruido-risa de burla, me tomo por el brazo y camino rápidamente hacia la calle. Podía notarse la felicidad en él, o al menos eso era lo que yo percibía. Su sonrisa poco expresiva que coloreaba su rostro, era realmente agradable de contemplar; el brillo en sus ojos; la energía que lo invadió cuando tomo mi brazo y empezó a dirigirse a la calle, era completamente hermoso, revelaba facetas que jamás me imagine que conocería de él. Mi corazón se aceleraba, mis manos se enfriaban y mi rostro estaba ruborizado de una manera que me avergonzaba; mi expresión cambiaba repentinamente, sin razón aparente y sin control sobre ella.

Pasado un rato cuanto ya habíamos avanzado alrededor de una cuadra, los ánimos de Daisuke se calmaron, suspiro y empezó a caminar tranquilamente. Logré ponerme a su lado y bajar el agite, mire su rostro y estaba serio, tenía la misma expresión de siempre, me alegraba pero a la vez, me intrigaba.

-         ¿Daisuke?

-         Kataii… ¿Quieres ir a comer algo?

-         ¡Claro! Me encantaría. –Respondí con una sonrisa.

Sin ninguna clase de respuesta, Daisuke empezó a guiarme lentamente hacia algún lugar donde podríamos comer. Mientras tanto, observaba todos los arboles que nos rodeaban, como el sol les daba un brillo hermoso; el sonido de las aves; el silencio en la calle; la brisa fresca. No era nada comparado al lugar frio y solitario donde vivo.

Finalmente llegamos pasados varios minutos de completo silencio. Era una pequeña casa con mesas en el exterior, algo humilde y pintoresco, la gente que se veía comiendo u atendiendo, llevaba una sonrisa cálida y expresiva en sus rostros, tanto que podía notarse de lejos la alegría de estar en ese lugar. Caminamos y nos sentamos en una mesa que quedaba junto a la pared, tenía un mantel beige que contrastaba con la mesa marrón oscuro, realmente elegante pero a la vez humilde. Daisuke se sentó frente a mí con la mirada baja, los ojos pretendían estar fijos en el menú, pero a la vez, estaban perdidos y no parecían prestar atención alguna, parecía avergonzado de algo. Mi expresión cambio a curiosidad y mi sonrisa se borro, realmente me intrigaba saber que le pasaba, y por qué su cambio tan repentino.

-         ¿Qué vas a comer, Kataii?

-         Solo quiero algo ligero, una sopa.

-         Bien, yo comeré… Espaguetti.

Sonreí y asentí con la cabeza, ambos hicimos la orden y esperamos con un silencio incomodo.

-         Daisuke, cambiaron tus ánimos repentinamente… ¿Está todo bien? ¿Es por la discusión? –Dije rompiendo el silencio.

-         Eso es lo que menos me preocupa, ya estoy acostumbrado a ello.

-         Cuéntame qué pasó entonces.

-         ¿Recuerdas la última vez que nos vimos? –Respondió Daisuke con un tono de seriedad, sin quitar la mirada del menú, a pesar de que ya había ordenado.

-         La ves que tu…

-         Sí Kataii, esa. –Interrumpió Daisuke mirándome a los ojos.

Ahora podía comprobar que era vergüenza lo que sentía, eso me alivio un poco, pero a la vez incremento mis nervios y seco mi garganta. Daisuke tenía una expresión contraída, estaba apenado, quería decir algo pero no le salía. Volvió a bajar la mirada y suspiro, luego la subió de nuevo y trago forzosamente, preparando sus labios para decir algo, al parecer, algo que no quería decir.


Empecé a caminar rápidamente sin voltear a los lados, concentrándome solamente en mi camino. Recorriendo con la vista la ruta completa, contando mentalmente los segundos para llegar y sin darme cuenta, me encontraba parada justo al frente de la puerta. Completamente nerviosa y contenta, tragando forzadamente y tocando la puerta con mi mano temblorosa.

-          Bienvenida, Kataii. Te estaba esperando… ¿Te sientes bien? –Dijo amablemente Ayame, mientras abría la puerta de la casa y me daba paso.

-          Estoy completamente bien, ¿por qué lo pregunta?

-          Pues, tu cara está un poco… Diferente, pareces asustada. –Respondió riéndose levemente.

-          Solo un poco entusiasmado, tengo tiempo sin verle.

-          Bueno, déjame tomar las cosas que tengo que llevarle y nos vamos. ¿Sí?

-          Yo la espero aquí.

Me senté en el sofá de siempre y espere impaciente a que Ayame estuviera lista. Fueron los segundos más largos de mi vida, mi pierna no dejaba de moverse rápidamente y no podía evitar ver a todos lados para buscar una pequeña distracción, lo cual era imposible.

Finalmente después de los segundos más largos de mi existencia, Ayame salió con una pequeña maleta, rápidamente se dirigió a la puerta y me sonrió indicándome que ya era hora. Me levante rápidamente y camine hacia ella.

-          Antes de irnos, ¿no deseas algo de tomar?

-          No, no. Estoy bien… Vamos, vamos. –Respondí con un tono de entusiasmo y apurando a la pobre mujer. Quien simplemente rio suavemente y cerró la puerta.

Empezamos a caminar, ella me mencionaba que debía quedarme en la parte trasera de la casa ya que no estaba seguro si al esposo le desagradaría mi presencia. Insistí en devolverme si era molestia y ella de la misma forma me pedía que no me preocupara. Me pareció completamente amable, pero a la vez con un aire de tristeza, que la hacía aun más admirable. Tenía esa melancolía que coloreaba sus mejillas y le ponía brillo a sus ojos, que aumentaba su delicadeza y solo le hacía parecer como una actriz interpretando un papel destinado a la soledad y que estaba consciente de ello. Lo peor es que no tenía idea del por qué, simplemente lo asociaba con lo que me conto Daisuke, sin terminar de comprender como una mujer alcohólica podía tomar una imagen tan dulce.

-          Tomaremos un taxi y llegaremos más rápido, ¿te parece?

-          ¡Sí!

Esperamos a que el taxi llegara y sin decir nada nos montamos en la parte trasera, el taxista amablemente nos pregunto a donde queríamos ir, ella dio las indicaciones y lo único que quedaba era esperar a que pasara el tiempo nuevamente.

Después de otros largos minutos llegamos a una zona completamente limpia y llena de arboles. Nos bajamos ahí después de que ella pagara y empezamos a caminar. Nos detuvimos frente a una casa blanca y alta que quedaba un poco apartada de las demás, que eran igual de hermosa que esta. Pero esta tenía algo diferente, era limpia y le rodeaban variedades de plantas, las ventanas eran de vidrio claro y hacia contraste con el color de la casa y el negro que la detallaba. Mi corazón se acelero cuando empezamos a caminar hacia ella, un aire de tranquilidad me invadió pero aun así no podía evitar sentirme ahogada por mi propio sentimiento.

-          Kataii, rodea la casa por la derecha y encontraras una pequeña puerta de reja, ábrela y sigue caminando, ese es el jardín trasero. Siéntate y espera a que Daisuke salga.

-          De acuerdo, gracias.

Ayame entro por la puerta principal y yo silenciosamente hice lo que me pidió, llegue al jardín trasero, que tenía aun más plantas y varios bancos que combinaban con el resto del decorado. Podía ver parte del interior de la casa ya que la puerta trasera era un gran vidrio corredizo, solo rogaba que no me vieran.

Pasaba el tiempo y la brisa se hacía más intensa, chocaba con la vegetación y sonaba como si estuviera en la playa, me traía recuerdos. No muy lindos y a la vez, hermosos. Mi cabello se movía con el viento y cada vez me sentía más impaciente y nerviosa, cualquier ruido me alertaba y pensaba que era Daisuke, pero aunque pasaban solo segundos, se sentían como largas horas de espera.


Después de un largo sueño y sin necesidad de que sonara el despertador, me levante entusiasmada y con aquel nudo en mi garganta y esa presión en mi corazón, eso que se sentía al estar nervioso, pero esta vez estaba emocionada. No tarde mucho en llegar a la conclusión de que fue el mejor despertar de mi vida, aun cuando todo estaba oscuro y el reloj marcaba las 3:00 a.m. Me sorprendió lo mucho que dormí, eran apenas las 7:30 p.m. cuando me acosté, pero de todas formas dormí bien, algo que no logre hacer en mucho tiempo.

Terminando de despertar por completo, ya que después de levantarme no podría dormir de nuevo; me dirigí al baño e hice todo lo que uno hacia al levantarse, casi como si fuera alguna clase de programación y yo solo un robot cumpliendo con ella. Regrese a mi habitación y tome mi abrigo, me lo puse rápidamente y baje las escaleras con cuidado tratando de no hacer ruido. Al llegar a la sala, encendí la luz y me recosté en el sofá, intente relajarme mirando el techo, pero la verdad solo me sentía más incómoda. Quejándome por la incomodidad me levante casi de inmediato y tome las llaves que estaban sobre la mesa de la cocina, abrí la puerta en silencio y me senté justo en frente de ella. Así pasaron las horas, yo observando fijamente el cielo, abrazándome a mi misma para aislarme del frio de la madrugada. Viendo como poco a poco el cielo se aclaraba, el frio disminuía y las aves volaban de un lado a otro, como si se dieran los buenos días.

Pasaron varios minutos y me di cuenta de que ya era lunes, entre a la casa nuevamente y subí corriendo a mi cuarto, observe que eran las 5:00 a.m., así que desperté a Hero y empecé a alistarme para ir a la escuela. Hero se quejo un poco ya que él siempre se levanta de primero, pero rápidamente empezó a alistarse también. Esta vez fui la primera en estar lista y solo pasaron 30 min., así que baje y con una sonrisa en mi rostro preparé rápidamente el desayuno y lo guarde para Hero y para mi, dejando para mi padre también; quien sorpresivamente bajo y ya estaba completamente preparado para ir a trabajar.

-          Buenos días hija. –Dijo mi padre mientras tomaba el desayuno y lo guardaba para llevar.

-          Buenos días, ¿por qué tanta prisa?

-          Primer día.

Siendo eso lo último que dijo termino de guardar su desayuno y salió a carreras por la puerta, cerrándola de un tirón. Ignorando completamente eso espere a que Hero bajara para desayunar rápido e irnos a la escuela.

-          ¡Hermana! Ya voy, ya voy. –Dijo Hero mientras bajaba las escaleras apurado.

-          ¡Hermanito! Buenos días, vamos es temprano, con cuidado.

-          Que ánimos, me gusta cuando estas feliz, se te nota.

-          Debe ser que me levante a la hora que debía.

-          ¡Por suerte!

Hero se sentó y tomo el desayuno que había guardado para él, yo hice lo mismo y me senté a su lado. Ambos empezamos a comer rápidamente; al terminar recogimos todo y nos encaminamos a la escuela.

Después de unos minutos de una caminata tranquila, ya que íbamos temprano, llegamos a la escuela. Salude a los amigos de Hero quienes se quedaron acompañándome hasta que fuese la hora de entrada, luego de eso Kaoru y Kouta se fueron corriendo junto a Hero. Camine tranquilamente hacia mi salón, me senté donde siempre y ahí estuve tratando de prestar la mayor atención a clases, esperando también a que sea medio día.

Pasaron las horas, las clases, el receso y el resto de las clases. Finalmente había terminado el día en la escuela, fue un día tranquilo, comenzando por Kimiko, quien había faltado hoy. Ya son varias veces, me alegraba el día pero a la vez era preocupante, ya que sus padres le exigen mucho en sus estudios. Ignorando eso, logre prestar atención en clases y terminar de ponerme al día con los temas, realmente los entendí rápido, aparte de eso, estaba contenta, vería a mi mejor amigo en pocas horas.

Al salir de clases, encontrarme con Hero y despedirme de sus amigos, empezamos a caminar rápidamente hacia la casa, Hero me observaba sonriente y hasta llego a tomarme del brazo, mencionando un par de veces que se sentía feliz por mí. Yo le devolvía la mirada y la sonrisa también, hablábamos tranquilamente mientras caminaba, esto hacia el viaje más corto. Al parecer Kaoru era como una hermanita para él, ya que sentía que tenía que cuidarla, era un gesto tierno y lo molestaba de a ratitos con eso.

Cuando finalmente llegamos a la casa, entre rápido y empecé a alistarme, me puse mi sweater morado oscuro, mi short negro y mis guantes; un estilo algo extraño, pero tenía tiempo sin vestirme de esa manera. Antes de salir me despedí de Hero con un abrazo y me dirigí a casa de Ayame, estaba nerviosa, entusiasmada e impaciente.